Muerto el sibarita, hay que destacarse

El pensamiento budista  que se pregunta "si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?" en tiempos de internet podría reversionarse a: “si tu contenido no es hallable en la web, ¿realmente creaste un contenido?”.

Mostrarse al mundo y exponer aquello en lo que venís trabajando hace meses – ¡o incluso años!- puede resultar abrumador.

Los tiempos en los que los ignotos eran descubiertos por una especie de sibaritas del arte y la cultura, y consumidos en un entorno exclusivo y alejado del “mainstream” se terminaron hace tiempo.

Hoy esos sibaritas somos todos

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El éxito pareciera girar ahora en torno a la diversificación de consumo, la velocidad para generar y adentrarse en las nuevas tendencias y la búsqueda imperiosa de una voz única y auténtica, en medio de un océano de emprendedores con objetivos similares. 

Pero, lejos de ser una característica que busque desanimar a quienes están buscando aún posicionarse, debiera servir como un impulso para lograr sacarle el mejor provecho a ello que nos hace únicos: nuestra individualidad, irrepetible y arrolladora. 

Esa historia que oímos desde chicos que refuerza el concepto de que somos “irremplazables” tiene que hacerse carne en nosotros. Debemos afianzarla porque es cierta, pero también, porque nos permitirá sostener nuestra huella digital y diferenciarnos de las miles de personas que buscan destacarse en carreras similares a la nuestra. 

Si fuésemos un mozo que realiza castings por la tarde en Los Ángeles, paseando su curriculum por cuanto llamado hacen en las producciones, buscando su gran oportunidad, quisiéramos que nuestra foto sea diferente a la de los demás 300 chicos con igual formación, mismo corte de pelo y representante.

Buscaríamos que nuestra foto quede primera en la pila del director. Esperaríamos que nuestra foto sea la elegida en el set. Esa foto, somos nosotros en internet. 

Esto en la virtualidad se llama “marca personal”, una serie de medidas que tomamos para que aquello que hacemos sea fácilmente reconocible en el ciberespacio por los consumidores. Lo importante es que los clicks lleguen, pero más indispensable aún, es que vuelvan. Que te recuerden. Que sepan quién sos para buscarte también en otras plataformas y ampliar así la experiencia. 

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En uno de los rubros que más se aprecia el trabajo de una “marca personal”, es en el literario. ¿Qué ocurriría si escribís algo que realmente llama la atención del lector, pero una vez cerrada la pestaña ya no recuerda dónde lo vio?. “¿Cómo se llamaba ese blog que leí camino al trabajo?”.

Y de golpe nos encontramos haciendo todo el recorrido que nos permitió toparnos con aquello que llamó nuestra atención, pero que quedó ahí perdido, en la bolsa de recuerdos de internet. 

Resulta de muchísima utilidad poder seguir consejos de quienes transitaron este camino antes que nosotros (encontré varios muy útiles en y lograr así que todo lo valioso que generamos también pueda serlo para alguien más. Que nuestra web se destaque de las demás, llegar a generar vínculos con nuestros seguidores, que sepan nuestro nombre y espíen algo de nuestras vidas.

Convertirnos en alguien que pueda resultar familiar para el lector y que llegue a escuchar junto a nosotros el sonido del árbol al caer.